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Comienza la Semana Santa 2014

semana 2014Con la bendición y procesión de los Ramos, ceremonia que evoca la entrada triunfal de Jesucristo en Jerusalén, damos inicio en toda la Iglesia a la celebración de los grandes misterios de nuestra fe. Corresponde a los párrocos y sus colaboradores, en particular a los laicos comprometidos con las actividades parroquiales, armonizar la liturgia con la piedad popular, de manera que ambas encuentren un lugar apropiado para su expresión.

La devoción popular, bien orientada, puede ayudar a una participación más enriquecedora por parte de los fieles. Corresponde a la prudencia y buen tino del pastor saber depurar lo que contenga visos de error o deformación, de manera que los ritos conserven siempre su significado y simbolismo, encuadrados en el ámbito de la fe. Parte de la evangelización que debemos realizar consiste en purificar todo aquello que, con el paso del tiempo, se ha desvirtuado y ha perdido el sentido genuino.

 

Vivir la liturgia de estos días es un tesoro que la Iglesia nos ofrece. Pero, para ello, necesitamos haber vivido con plenitud la Cuaresma. Los recursos que ésta nos ha ofrecido (oración, escucha de la Palabra de Dios, práctica de la caridad, sacrificio asociado al dolor redentor de Cristo…) tenían por objeto ayudarnos a transitar el itinerario cuaresmal para poder llegar renovados a la fiesta de las fiestas: la Pascua del Señor.

El mensaje que estamos llamados a transmitir a los fieles es un mensaje de esperanza. Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, quedará infecundo. El paso por el sufrimiento y la muerte, fue el camino establecido por el Padre para su propio Hijo, para vencer así el pecado y la muerte y llegar a la gloria de la resurrección.

El camino de la cruz es el único que conduce a la gloria de la resurrección. En días pasados, el papa Francisco lo recordaba en su predicación: “Por la misericordia de Dios nos regocijamos en Cristo crucificado. Por esto, no hay cristianismo sin la cruz y no hay cruz sin Jesucristo”

La lección que nos da Jesús va acompañada del ejemplo. Él sube a Jerusalén a sabiendas de lo que le espera, consciente de que ha llegado su Hora. Hasta el final estuvo dispuesto a cumplir a cabalidad la voluntad del Padre. “El que quiera venir en pos de mí, que renuncie a sí mismo, que tome su cruz y me siga”. También para nosotros el destino glorioso, la participación en la resurrección del Señor, pasa necesariamente por el dolor y la muerte.

Transmitir esto a nuestros grupos y comunidades no es tarea fácil, pero debemos hacerlo, para ello es preciso que nosotros mismos vivamos con alegría cada momento. La liturgia y el trabajo de los grupos que llevemos a cabo deben estar meditados y orados para que produzcan su fruto y, como la muerte del Señor, como la semilla que cae en tierra buena, den el ciento por uno.

En la noche santa de la Vigilia Pascual escucharemos el canto del Pregón que, entre otras cosas, proclama alegremente la realización del plan de Dios, al afirmar: “Feliz la culpa que mereció tal Redentor… qué noche tan dichosa en que se une el cielo con la tierra, lo humano y lo divino.” Que el Señor nos permita apreciar en estos misterios la muerte que engendra vida y que nos conceda transmitírselo a los demás. Que Él nos haga capaces de ver en la cruz el signo de amor que encierra, no la muerte, que nos haga contemplar la Vida engendrada en ella y nos ayude a vivir en plenitud el Paso a la Vida. Que las celebraciones de estos días santos nos animen a vivir en plenitud nuestra fe y a luchar por un mundo mejor, más justo, más humano, más cristiano.

Con mi Bendición.

Mons. Rafael Conde Alfonzo

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