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Sobre la Paz

pacenEl próximo viernes 11 de abril se cumplen 51 años de la histórica encíclica Pacem in terris (Paz en la Tierra), promulgada por el beato Juan XXIII, quien será canonizado junto con el también beato Juan Pablo II el próximo domingo 27 de este mes en la plaza de san Pedro, en Roma, ceremonia que seguramente contará con una numerosísima participación de fieles provenientes de las más diversas regiones del mundo.

La época en que fue publicada estaba caracterizada por la gran tensión entre las dos grandes potencias mundiales, conocida como la “guerra fría”. Al final de 1962 la humanidad estaba al borde de un conflicto atómico y el Papa elevó un dramático y entristecido llamamiento de paz, dirigiéndose así a todos los que tenían la responsabilidad del poder; decía: “Con la mano en la conciencia, que escuchen el grito angustioso que de todos los puntos de la tierra, desde los niños inocentes a los ancianos, desde las personas a las comunidades, sube hacia el cielo: ¡Paz, paz!” (Radio mensaje, 25 de octubre de 1962).

El diálogo que entonces fatigosamente empezó entre los grandes bloques contrapuestos llevó, durante el pontificado de Juan Pablo II, a la superación de aquella fase y a la apertura de espacios de libertad y de diálogo. Las semillas de paz sembradas por Juan XXIII dieron frutos. Sin embargo el mundo sigue teniendo necesidad de paz; también nosotros, en nuestro país, estamos urgidos de alcanzar un clima de paz.

La Encíclica de Juan XXIII nos recuerda el fundamento de la construcción de la paz. Consiste en el origen divino del hombre, de la sociedad y de la autoridad misma, que compromete a los individuos, las familias, los diversos grupos sociales y los Estados a vivir relaciones de justicia y de solidaridad. Es tarea entonces de todos los hombres construir la paz, a ejemplo de Jesucristo, a través de estos dos caminos: promover y practicar la justicia, con verdad y amor; contribuir, cada uno según sus posibilidades, al desarrollo humano integral, según la lógica de la solidaridad. Juan XXIII nos recuerda que no puede haber verdadera paz y armonía si no trabajamos por una sociedad más justa y solidaria, si no superamos egoísmos, exclusiones, desigualdades, intereses de grupo y esto en todos los niveles.

Desde hace varios años la Iglesia universal invita a la celebración de la Jornada mundial por la paz, la cual tiene lugar el día primero de cada año. En esa ocasión el Papa acostumbra dirigir un mensaje a todos los jefes de Estados y a todas las personas de buena voluntad para que, juntos, trabajemos por alcanzar tan anhelado bien. Para ello nos recuerda que un diálogo sincero y fructífero debe establecerse sobre la base de la justicia, del respeto mutuo, de la escucha del otro, de la buena disposición para avanzar hasta alcanzar el cometido.

El tiempo de Cuaresma en el cual nos encontramos nos ofrece múltiples ocasiones para reflexionar, para orar, para pedir a Dios que nos purifique de nuestros pecados y podamos celebrar dignamente su Pascua, su paso definitivo de este mundo a la gloria del cielo, donde está eternamente a la derecha del Padre para interceder por todos los hombres. Que el saludo pascual que el Resucitado dirigió a sus discípulos: la Paz esté con ustedes, llegue a todos nosotros.

                Con mi Bendición.

Mons. Rafael Conde Alfonzo

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