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Día del niño por nacer

nio por nacerEl próximo 25 de marzo celebrará la Iglesia en su liturgia la solemnidad de la Anunciación. En los últimos tiempos esta celebración ha adquirido una gran relevancia en el mundo católico porque en diversas partes del mundo se ha ido imponiendo una cultura de la muerte, tratando de justificar el aborto que no es otra cosa que el vil asesinato de un ser inocente. En su defensa de la vida humana, desde el primer momento de la concepción, la Iglesia aparece en el mundo como líder al frente de los diversos movimientos “pro vida” que luchan por esta causa.

En diciembre del año 2010, al iniciar el tiempo de Adviento, el papa Benedicto XVI presidió en la Basílica de San Pedro una vigilia de oración por la vida, sobre todo por la más frágil. El Papa hizo un apremiante llamamiento para que políticos, médicos, científicos y economistas promuevan una cultura de la vida con decisiones creativas y reales de acogida.

El Papa afirmó en esa ocasión, como lo ha hecho infinidad de veces, que “el ser humano tiene derecho a que no se le trate como objeto o algo manipulable a placer ni se le reduzca a puro instrumento a favor de otros o de sus intereses. La persona es un bien en sí misma y es preciso buscar siempre su desarrollo integral”

Haciendo alusión a las corrientes abortistas que abierta o solapadamente se van extendiendo por todo el mundo, el Papa señala que “tendencias culturales tratan de anestesiar las conciencias con motivaciones presuntuosas. Respecto al embrión en el seno materno, la propia ciencia subraya su autonomía, capaz de interacción con la madre, la coordinación de los procesos biológicos, la continuidad del desarrollo, la creciente complejidad del organismo. No se trata de un cúmulo de material biológico, sino de un nuevo ser vivo, dinámico y maravillosamente ordenado, un nuevo individuo de la especie humana. Así fue Jesús en el seno de María: así fue para cada uno de nosotros, en el seno de nuestra madre. Con el antiguo autor cristiano Tertuliano, podemos afirmar: ‘Ya es un hombre aquel que lo será’ (Apologético, IX, 8); no existe ninguna razón para no considerarlo persona desde su concepción”.

La Iglesia considera el aborto un asesinato de una persona inocente y “sanciona con pena canónica de excomunión este delito contra la vida humana” (Catecismo de la Iglesia Católica n. 2272). Y explica: “Con esto la Iglesia no pretende restringir el ámbito de la misericordia; lo que hace es manifestar la gravedad del crimen cometido, el daño irreparable causado al inocente a quien se da muerte, a sus padres y a toda la sociedad” (ib).

En este contexto, he considerado útil y oportuno transcribir para los lectores la oración por la vida que rezó el Papa en esa ocasión: “Señor Jesús, que con fidelidad visitas y colmas con tu Presencia la Iglesia y la historia de los hombres, que en el admirable Sacramento de tu Cuerpo y Sangre nos haces partícipes de la vida divina, y nos concedes saborear anticipadamente la alegría de la vida eterna; te adoramos y te bendecimos. Postrados delante de ti, fuente y amante de la vida, realmente presente y vivo en medio de nosotros, te suplicamos: aviva en nosotros el espeto por toda vida humana naciente, haz que veamos en el fruto del seno materno la admirable obra del Creador; abre nuestro corazón a la generosa acogida de cada niño que se asoma a la vida. Bendice a las familias, santifica la unión de los esposos, haz que su amor sea fecundo. Acompaña con la luz de tu Espíritu las decisiones de las asambleas legislativas, a fin de que los pueblos y naciones reconozcan y respeten el carácter sagrado de la vida, de toda vida humana.

Guía la labor de los científicos y de los médicos, para que el progreso contribuya al bien integral de la persona y nadie sufra supresión e injusticia. Concede caridad creativa a los administradores y a los economistas, para que sepan intuir y promover condiciones suficientes a fin de que las familias jóvenes puedan abrirse serenamente al nacimiento de nuevos hijos. Con María tu Madre, la gran creyente, en cuyo seno asumiste nuestra naturaleza humana, esperamos de ti, nuestro único verdadero Bien y Salvador, la fuerza de amar y servir a la vida, a la espera de vivir siempre en ti, en la comunión de la santísima Trinidad”.

Mons. Rafael Conde Alfonzo

Con mi Bendición.

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