Navidad Peregrina



NavidadPeregrina“Hoy, en la ciudad de David, nos ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor” (Lc
 2, 11).


Ha nacido el niño Dios, ha nacido el redentor, con su nacimiento se abre la puerta de la salvación, la posibilidad de una nueva vida en paz, en la seguridad que sólo nos puede brindar el amor de Dios. 

Son muchos los tormentos y las tribulaciones que los cristianos experimentan en la vida terrena, pero en todo ellos está siempre presente la guía, la ternura y el amor de Dios. 

Tal como lo experimentaron María y José en su camino a Judea, cuando el niño iba a nacer y no encontraban posada, el amor del Padre los guió a un pequeño establo donde del modo más humilde habría de nacer el Rey de reyes. O del mismo modo que en su peregrinar a Egipto, cuando José fuera advertido por el Ángel de las intenciones de Herodes y la familia se vio obligada a huir, a migrar a un lugar más seguro para su hijo. Este fue un camino guiado por Dios. 

En la actualidad nuestra amada Venezuela vive una de las crisis más duras de su historia, una situación que ha obligado a muchas familias también a tomar la decisión de migrar, de irse a otros países en busca de seguridad alimentaria, educativa, social y de salud para sus hijos.


Quienes han tomado esta decisión no lo han hecho a la ligera, han renunciado a su vida como la conocían, a sus familias, empleo e incluso a la seguridad relativa que tenían, abandonando todo para irse a otras latitudes pensando en poder brindar a sus hijos todo lo que ya en Venezuela se les niega.

Pero ante este cambio tan radical de vida una cosa es segura, Dios va con ellos y ellos van con Dios, confiados en ese amor misericordioso de Jesús que no los abandona y antes bien les va guiando por el camino que ahora como peregrinos enfrentan.

Jesús lo conoce bien, también fue migrante junto a su familia, también en su vida pública recorrió muchos lugares predicando y evangelizando sin nada más que sus sandalias, su fe y su confianza plena en Dios.

Hoy, en esta fiesta de Natividad del Señor que nuestros corazones en vez de tristeza por los que se han ido, se llenen de gozo de saber que así como a María, José y Jesús, Dios acompaña a nuestros familiares y amigos en este peregrinar migratorio.

Y así como a los que han partido, a los que se quedan también los acompaña, los socorre en sus tribulaciones, les alienta y esfuerza, les acoge en su misericordia.

Sabemos que Venezuela no está bien, pero también sabemos que ese pequeño niño que ha nacido en Belén es nuestro aliado principal.

Que en esta Navidad sepamos reconocer el amor de Dios en nuestras vidas, en esos ángeles humanos que Dios coloca en el camino para ayudarnos y guiarnos. En las bendiciones que nos concede. En la paz.

Pero que a su vez, sepamos llevar también ese amor de Dios a aquellos quienes aún celebran una navidad sin Cristo, a quienes no conocen o no creen en el amor de Dios y sepamos mostrarles ese amor en un gesto sincero de solidaridad, de fraternidad y comunión.

Que sea Jesús siempre el compañero de nuestras vidas y que su nacimiento sencillo y su amor incondicional transformen nuestros corazones y nuestras vidas para bien.

Que el gozo del nacimiento del niño Dios, el sol que nace de lo alto, no se extinga y que siempre su llama de amor, alegría, esperanza y fe se avive en nuestros corazones.

¡Feliz Navidad!

María Luisa Angarita



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