Lectura del Evangelio de san Marcos 10, 46-52.

evangelio 30 03 2014Domingo XXX del Tiempo Ordinario/ domingo 28 de octubre de 2018

En aquel tiempo, al salir Jesús de Jericó en compañía de sus discípulos y de mucha gente, un ciego, llamado Bartimeo, se hallaba sentado al borde del camino pidiendo limosna. Al oír que el que pasaba era Jesús Nazareno, comenzó a gritar: “¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí!”. Muchos lo reprendían para que se callara, pero él seguía gritando todavía más fuerte: “¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí!”. Jesús se detuvo entonces y dijo “Llámenlo” y llamaron al ciego, diciéndole: “¡Animo! Levántate, porque El te llama”. El ciego tiró su manto; de un salto se puso en pié y se acercó a Jesús. Entonces le dijo Jesús: “¿Qué quieres que haga por ti?” El ciego le contestó: “Maestro, que pueda ver”. Jesús le dijo: “Vete, tu fe te ha salvado”. Al momento recobró la vista y comenzó a seguirlo por el camino.

Reflexión
El ciego de Jericó

La perícopa que nos regala la liturgia de la Iglesia en este día, nos narra la sanación del ciego de Jericó, en quien nos podemos ver reflejados, pues necesitamos que el Señor nos sane.

Podríamos decir que existencuatro tipos principales de ceguera a los que me gustaría hacer referencia: Existen personas que han nacido sin ese sentido. Otro tipo de ceguera, es aquella que es provocada por algún incidente, es decir, una persona que ve, pero de pronto, por alguna enfermedad o accidente, pierde su visión. Otro tipo de ceguera, la más común y peligrosa, es la ceguera selectiva, se da en personas videntes; cuando deciden subjetivamente qué es lo que van a ver y qué no quieren ver.

Las personas con ceguera selectiva, pueden tener una realidad inminente delante de ellos, sin embargo, la niegan. Son seres dañinos, porque no ven lo mal que hacen, sino que todo es bueno y son capaces de señalar como malos, a quienes les recriminan sus errores.

Pero hay un último tipo de invidencia que, de cierto modo, la padecemos todos, es la ceguera de la fe, que se da cuando no somos capaces de ver a Dios actuando en nuestra vida, presente en medio de nosotros, vivo y resucitado en la Eucaristía, con todo su Poder, actuando en su Iglesia. Clamemos al Señor: Hijo de David, sana nuestras cegueras espirituales y aclara nuestras dudas de fe, como sanaste al ciego de Jericó. Amén.

Bendecida semana para todos.                  
Padre Chamberlain.
CEV2
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